Sigo aquí, o al menos eso creía...
Tras largos días de espera e insufribles momentos de desesperación, he decidido arrancarte de mí.
Puede que nos hayamos conocido en el momento más inoportuno, cuando la tormenta estaba más violenta. Y si comienzo a enumerar los factores que hacen que esto no funcione, puede que no acabe nunca de escribir esta carta...
Sabes de sobra que no aguantaría mucho más tiempo siguiéndote, porque siempre acabo de la misma forma: perdida. Tus idas y venidas, tus intensas y esporádicas muestras de cariño, tu ignorancia cuando nos mostramos en público... Nunca te pedí el cielo, me conformaba con que me afianzaras que ibas a estar ahí, que no ibas a huir...
Entiéndeme, no puedo seguir así, queriéndote y sin poder decir nada. Porque en realidad todo se puede resumir en caricias apasionadas, besos vehementes y miradas llenas de ternura... Admítelo, nunca hemos tenido el valor de hablar y el orgullo siempre ha hecho buenas migas contigo…
Y aquí estoy, en la ducha, frotando mi piel con una esponja áspera con el fin de borrar tu esencia... pero ni el agua ni el jabón son suficientes para eliminar tantos recuerdos encapsulados en tu fragancia. Luego entraré en mi habitación para ponerme el pijama, me meteré en la cama, y ahí, entre sábanas, tu voz vendrá a mis oídos, tu sonrisa a mi retina y tus besos a mi cara.
Lo siento si no entiendo que me agasajes únicamente en breves porciones de tiempo en la que nos escondemos de miradas curiosas... pero no, no puedo más. Quizás porque siempre me importó más bien poco gritarlo a los cuatro vientos, o quizás porque me empeñé en vivir en nuestra extravagante burbuja, ¿o debería decir mi burbuja?
Me dedicaré a olvidarte, dejaré de aprisionarte en mi diario, me liberaré al fin de tus caprichos, me despido de ti.
Tras largos días de espera e insufribles momentos de desesperación, he decidido arrancarte de mí.
Puede que nos hayamos conocido en el momento más inoportuno, cuando la tormenta estaba más violenta. Y si comienzo a enumerar los factores que hacen que esto no funcione, puede que no acabe nunca de escribir esta carta...
Sabes de sobra que no aguantaría mucho más tiempo siguiéndote, porque siempre acabo de la misma forma: perdida. Tus idas y venidas, tus intensas y esporádicas muestras de cariño, tu ignorancia cuando nos mostramos en público... Nunca te pedí el cielo, me conformaba con que me afianzaras que ibas a estar ahí, que no ibas a huir...
Entiéndeme, no puedo seguir así, queriéndote y sin poder decir nada. Porque en realidad todo se puede resumir en caricias apasionadas, besos vehementes y miradas llenas de ternura... Admítelo, nunca hemos tenido el valor de hablar y el orgullo siempre ha hecho buenas migas contigo…
Y aquí estoy, en la ducha, frotando mi piel con una esponja áspera con el fin de borrar tu esencia... pero ni el agua ni el jabón son suficientes para eliminar tantos recuerdos encapsulados en tu fragancia. Luego entraré en mi habitación para ponerme el pijama, me meteré en la cama, y ahí, entre sábanas, tu voz vendrá a mis oídos, tu sonrisa a mi retina y tus besos a mi cara.
Lo siento si no entiendo que me agasajes únicamente en breves porciones de tiempo en la que nos escondemos de miradas curiosas... pero no, no puedo más. Quizás porque siempre me importó más bien poco gritarlo a los cuatro vientos, o quizás porque me empeñé en vivir en nuestra extravagante burbuja, ¿o debería decir mi burbuja?
Me dedicaré a olvidarte, dejaré de aprisionarte en mi diario, me liberaré al fin de tus caprichos, me despido de ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario