martes, 26 de abril de 2011

LLuvia...

Buenos Días blogeros, empezamos de nuevo la semana en "¡Que Barbaridad!" tras las vacaciones de Semana Santa. Espero que os lo hayáis pasado muy bien. Esta semana será también un poco rara y posiblemente con pocas entradas pues, aquí en Sevilla se acerca la feria de Abril por lo que estaremos un poco ocupados, pero no os preocupéis, que después volveremos con mucha más fuerza y ganas para seguir publicando spots y datos interesantes sobre publicidad, escritos reflexivos sobre la vida y de ficción e incluso algo más de moda. Hoy, voy a poner otro texto que he escrito reflexivo con experiencias propias. Espero que os guste!


Chaqueta vaquera, botas de agua, paraguas y una ciudad gris y lluviosa de fondo con la que mezclarse. En uno de esos días, en los que la ciudad se compadece de ti y se vuelve de tu humor...una ciudad gris que llora tu tristeza, tu desconcierto y confusión, sales a la calle.
Es uno de esos días en los que sales de casa y caminas sin rumbo fijo, sin tomar decisiones, un caminar por caminar escondida bajo tu paraguas, aislada del exterior a través de tu reproductor puesto en modo aleatorio que consigue reproducir la música oportuna para cada momento de reflexión.
Y así, metida bajo tu paraguas, caminas a través de la gente pero ajena a ella, encerrada en tu propia cabeza, en tus propios pensamientos y dilemas que son acompañadas por el tiempo de lluvia y tristeza.
Es uno de esos momentos en los que multitud y soledad se enfrentan. Multitud por calles abarrotadas de gente con paraguas que te rodean y te acompañan en tu caminar y Soledad, pues ves que son ajenos a tus conflictos internos, no te entienden, ni te comprenden y sobre todo, no te pueden ayudar.
Tú sigues caminando, sin fijarte en que calle estás, sin saber cuál es tu destino, buscando un rayo de luz que aclare tus ideas, que te muestre tus sentimientos y pensamientos, una luz que se encienda en tu cabeza y te indique el camino.



Poco a poco, te vas dando cuenta que lo que necesitas es un amig@, un apoyo, alguien que te de un abrazo cuando lloras, una mano cuando te caes, que te escuche cuando necesites desahogarte y que se quede callado cuando el silencio es lo único que puedes escuchar. Así, desandas lo andado, vuelves a tu casa metiendo los pies en todos los charcos que encuentras, sin paraguas que te cubra, sintiendo el aire y la lluvia que se mezclan con las lágrimas que en algún momento del camino fueron derramadas sin darte cuenta...Vuelves a casa para encontrarte con ese amig@ que te entiende, que se preocupa y te quiere...y que si bien, no te dirá que desición tomar...si te hará más llevadero el proceso para llegar a ella...






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